lunes, 2 de mayo de 2011

EL NACIMIENTO DE LOS REINOS BÁRBAROS

EL NACIMIENTO DE LOS REINOS BÁRBAROS


Los Reinos Bárbaros o Germánicos que son el embrión de las naciones europeas modernas.
Los reinos bárbaros asumen gran parte de la civilización y legislación romana pero adaptada a su personalidad. También asumen la religión del Bajo Imperio, que el cristiana católica, aunque en algunos reinos, como el visigodo, la cuestión religiosa será protagonista de enfrentamientos y divisiones por la pugna entre católicos y arrianos.
El Imperio Romano y los bárbaros
Desde que Mario se enfrentara a teutones y cimbrios, que amenazaban invadir la Galia y el Norte de Italia, en las batallas de Aix (102 a. C.) y Vercelli (101 a. C.), la amenaza germánica va a ser una constante en la Historia de Roma. Ariovisto, líder de suevos y otros pueblos bárbaros, al intentar asentarse en la Galia, hubo de ser frenado por Julio César en la batalla de Besançon (58 a. C.) y poco antes del inicio de nuestra era, los germanos provocarían en Teotoburgo uno de los mayores desastres militares padecidos por Roma al derrotar Arminio, líder de los queruscos, a Quintilio Varo.
Sin embargo, las relaciones de Roma con los germanos, no se basaron exclusivamente en el enfrentamiento, sino que también se produjo una intensa interrelación: Así, Arminio habría disfrutado de la ciudadanía romana, y un hermano del líder germánico, Flavio, sirvió en el ejército romano comandando una unidad de auxiliares, previsiblemente, de origen también germánico. De hecho, desde Vespasiano, asistimos a un progresivo incremento de contingentes bárbaros en el seno del ejército imperial, presencia de efectivos militares, que tiene su paralelo en la creciente presencia de agricultores y siervos domésticos de origen germánico en el limes o frontera, gentes conocidas como laeti. Por su parte, Roma tuvo un protagonismo fundamental en la consolidación de reinos germánicos como el de los marcomanos y, de hecho, Marbot o Marbodo, uno de sus más conocidos monarcas, habría pasado algún tiempo en Roma, donde habría entrado en contacto con diversos aspectos de la cultura y el pensamiento romano. Se ha señalado el posible origen mediterráneo del alfabeto rúnico.
Uno de los más brillantes reinos bárbaros fue el visigodo de Hispania. en la imagen, iglesia visigoda de Melque
Las complejas, y aún no completamente explicadas, perturbaciones que agitan Escandinavia poco antes del inicio de nuestra Era y la Crisis que sacude al Imperio durante el S. III d. C., contribuirán a llevar a los germanos y otros pueblos bárbaros a las fronteras con Roma y a traspasarlas con éxito. En 378 d. C. los visigodos aniquilaban un ejército romano y abatían al mismo emperador de Occidente cerca de la ciudad tracia de Adrianópolis. Algunas décadas después, en diciembre del año 406, suevos, alanos y vándalos, cruzaban el Rhin, desparramándose por las Galias y llegando a Hispania en 409, y al año siguiente, en 410, era la propia Roma la que padecía, de la mano del visigodo Alarico, el zarpazo de los bárbaros invasores.
Tradicionalmente, se ha venido identificando las invasiones germánicas con la caída del Imperio Romano, y aunque fue un elemento ciertamente perturbador y un factor decisivo, no podemos perder de vista que esos mismos bárbaros en absoluto buscaron la aniquilación de Roma, sino que, bien al contrario, procuraron, en general, presentarse como delegados del poder imperial y, una vez caído, como continuadores del mismo. Así, la deposición de Rómulo Augústulo en 476 d. C. por parte del hérulo Odoacro, no se percibió como el fin del Imperio, habida cuenta de que el bárbaro quiso presentarse como vicario del poder imperial, sino que parecía ser poco más que una de tantas deposiciones de emperadores como las que habían menudeado en los años anteriores. 
En realidad, lo que acabó con el Imperio en Occidente, dando lugar a los reinos bárbaros, no fue tanto la acción de Odoacro, como la creciente desvinculación de las elites provinciales romanas respecto a una Roma que, a la par que no garantizaba prosperidad ni seguridad, exigía impuestos y pretendía ejercer un estrecho control. Si la aristocracia provincial se puso del lado de Roma, es porque prefería un poder lejano y débil al poder cercano y brutal de los bárbaros, si bien, la defensa de la romanidad solía basarse en la defensa de la identidad y autonomía local.
Marfil anglosajónNo obstante, en muchos lugares, las elites provinciales romanas o indígenas, acabaron convergiendo en sus intereses con los bárbaros, como es el caso de Avito y Teodorico II, o los britanos e, inicialmente, los anglos, sajones y jutos. Si Egidio y Siagrio combatieron a los godos, no fue tanto en defensa de Roma, sino porque, de la misma manera que los intereses de la aristocracia territorial a la que pertenecía Avito acabó convergiendo en sus intereses con los visigodos, la más septentrional a la que pertenecían Egidio y Siagrio, divergían. Así mismo, aunque la jerarquía católica sería más bien favorable a la reconquista justinianea, no podemos olvidar que los obispos católicos también se apoyaron en pueblos bárbaros como los suevos o los francos, a la par que proporcionaban a los mismos una plataforma ideológica que serviría para definir y consolidar los reinos bárbaros. La resistencia de Clermont-Ferrand, Córdoba, Mérida, los dominios de Siagrio, Hipona, ect. o bien la colaboración de constituyen, en fin, un fenómeno complejo que ha de analizarse a nivel particular y local, evitando caer en generalizaciones demasiado simplificadoras.
Cambios y permanencias
Inicialmente, uno de los rasgos que caracteriza la presencia bárbara en el Imperio de Occidente, es lo que se conoce como la sociedad dual. Y es que, una de las debilidades que afectan a los germanos invasores es su debilidad demográfica respecto a la más numerosa población romana, justo en un momento, además, en el que estos pueblos están en pleno proceso de cristalización de su etnogénesis o definición como entidad e identidad.
Si bien, la mayoría de estas entidades bárbaras se han ido formando como un agregado de pueblos de origen germánico, pero también iranio y asiático e incluso a base de provinciales romanos e indígenas rebeldes y descontentos, una vez establecidos en un lugar, tienden a preservar su identidad, evitando toda relación con los romanos: se prohíben los matrimonios mixtos, se promulgan códigos jurídicos diferenciados, se mantiene la fe arriana frente a la ortodoxía católica profesada por los provinciales e incluso se instalan en ciudades, fortalezas o áreas claramente separadas respecto a las poblaciones romanas.
Sin embargo, los intereses de la aristocracia romana y germana acabarán en muchos casos por converger, por lo que asistiremos progresivamente al creciente enlace de los hijos e hijas de ambos grupos. Por su parte, a fin de consolidar su posición ante sus mismos guerreros y legitimar su dominio sobre los provinciales romanos, los monarcas germanos exigirán a las autoridades imperiales, no sólo tributos y víveres, sino títulos romanos, de manera que, desde monarcas de la primera oleada como los visigodos hasta los de la segunda oleada como los francos, ostentarán títulos de patricio, cónsul, magister militum, etc.: Se trataba de consolidar el prestigio de cara a los bárbaros y presentarse como legítimo señor de los romanos. El siguiente paso será la conversión al catolicismo, religión mayoritaria de los provinciales romanos, con el fin de homogeneizar políticamente a la sociedad dual. La soberanía de los reyes bárbaros dejaba de ser diferenciada, para pasar a convertirse en territorial,  en un paso que implica la auténtica definición y consolidación de los reinos bárbaros.
Por su parte, incluso mientras estuvo vigente el sistema de lasociedad dual, las invasiones bárbaras no supusieron necesariamente graves y grandes cambios en los territorios del Imperio:
La propiedad apenas sufrió modificación - si bien existen casos, especialmente en el África vándala, en ocasiones no está completamente claro, o bien es preciso analizar el contexto particular  - dado que solían asentarse sobre tierras fiscales, es decir, tierras públicas pertenecientes al Imperio, al Estado, incluso tierras abandonadas por los grandes propietarios, o bien se exigía una tercera parte, pero no de las tierras, sino de las rentas fiscales o impuestos que éstas generaban.
Por otro lado, los antiguos funcionarios y técnicos, siguieron al frente de la administración. Incluso en lugares en los que, aparentemente, la acción bárbara fue más destructiva, como es el África vándala, Genserico mantuvo en general las estructuras administrativas y a sus responsables al frente.
La asimilación cultural de lo romano - especialmente entre los germanos de la primera oleada, como los visigodos - o la conversión de los bárbaros al catolicismo - como ocurre en el caso de los francos -, a lo que hemos de añadir la conciencia que tenían los reyes germánicos de que, manteniendo las estructuras administrativas y los cuadros culturales resultaría más fácil gobernar, gestionar y consolidar la posición del reino - a los germanos quedaba reservado la representación política y el poder militar, y aún esto, con excepciones -, contribuirán, por tanto, a preservar muchos elementos del mundo romano.
Desarrollo de los reinos bárbaros
Tradicionalmente, el estudio de los reinos bárbaros se realiza conforme a criterios geográficos, pero nosotros los clasificamos conforme al orden de llegada al Occidente de Europa, con todo lo que ello implica respecto a sus relaciones con la cultura romana y el catolicismo. Así, podemos emplear el criterio "oleada" o "generación":
Primera oleada o generación: Son los que protagonizan el período de las invasiones y toman contacto temprano con Roma. Entre otros, los suevos, vándalos, visigodos, ostrogodos y burgundios
Segunda oleada o generación: francos, anglos y sajones
Tercera oleada o generación: lombardos
En la columna izquierda y a continuación se muestran enlaces a los distintos reinos bárbaros:

  1. Suevos 
  2. Vándalos 
  3. Visigodos 
  4. Ostrogodos 
  5. Burgundios 
  6. Francos 
  7. Anglos y Sajones
  8.  Lombardos 








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